Paisatge de l'Albera
10 jun 2012 0 comentarios Lídia Penelo

Visitar las bodegas y cooperativas de la Albera

Contundentes y con cuerpo los vinos del Empordà se han ido ganando un buen lugar entre las denominaciones de origen catalanas. Uno de los legados que impulsaron los primeros griegos que se establecieron en Catalunya fue el cultivo de las viñas, de hecho, en el siglo VI a. C, una de las zonas donde más vino se producía era en la falda de la Albera, un macizo peinado por la tramontana. En este parque natural los inviernos son suaves y los veranos calurosos pero suavizados por la brisa marina, un clima más que favorable para el cultivo de la vid y el olivo.

Viñedos de l’Alt Empordà

En la Edad Media, los monasterios de Sant Pere de Rodes, el de Sant Quirze de Colera y Santa Maria de Vilabertran tutelaban la mayoría de los viñedos que se extendían por las montañas de la zona. Actualmente, en el Empordà hay una superficie de más de 2.000 hectáreas dedicadas a la vid, de las que 400 se encuentran en Garriguella. Uno de los atractivos de este pueblo de poco más de 800 habitantes y flanqueado por las montañas de la Albera, el golfo de Roses y el cerro de Mala Veïna, es su cooperativa que ofrece vinos de todas las variedades típicas de la zona, -cariñena, garnacha y tempranillo-. El principio básico de esta cooperativa es producir uva de calidad y hacer vinos que ya circulan por los mercados más competitivos del mundo.

 

Tradición y modernidad
Para continuar conociendo los vinos de la zona, el Celler Espelt en Vilajuïga se encuentra en un emplazamiento privilegiado. Las uvas de esta bodega crecen rodeadas por tres parques naturales, el de la Albera, el del Cap de Creus y el de los Aiguamolls de l’Empordà, una riqueza natural que se ha filtrado en el sabor de sus vinos. Los responsables de Celler Espelt han conseguido reunir modernidad y tradición con un diseño cuidado y unos vinos potentes. Un ejemplo es el Comabruna, un vino tinto que mezcla syrah, cariñena y marselan, de la cosecha del 2008. De un color cereza intenso, aromas de tostado y fruta madura, en boca es carnoso y sabroso, y en definitiva una buena carta de presentación de los productos de la casa.
Cerca de Vilajuïga encontramos Capmany, también pueblo de viticultores y donde desde el 1995 comenzó su actividad la bodega Castillo de Capmany, una iniciativa pequeña y artesanal que con poco tiempo, ha logrado posicionar uno de sus vinos, el Moll de Alba, entre los vinos del Empordà más distinguidos internacionalmente.

 

En esta zona, practicamente en cada pueblo hay una bodega, pero para continuar la visita proponemos una parada en Cantallops donde encontramos las Vinyes dels Aspres, donde se puede visitar la nueva bodega de vinificación y la antigua bodega de crianza. En la antigua bodega, envejecen el vino en barricas de roble francés Allier, y donde reposa en su evolución final en botella. Las variedades que trabajan son Cabernet Sauvignon, Cariñena / Cariñena, Garnacha, Merlot, Syrah, Garnacha Blanca, Lledoner (garnacha roja). Tras la cata, opcional pero muy recomendable, podéis acercaros al Castillo de Requesens, situado sobre una colina a unos siete quilómetros del vecindario de Requesens, cerca de La Jonquera (Alt Empordà), y que ofrece una bonita vista panorámica de la zona.

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