L'herència romana de Tarragona
09 jun 2012 0 comentarios Òscar Marín

La herencia romana de Tarragona

Llego a Tarragona por la antigua Vía Augusta. Al final de la primavera, la ciudad se muestra luminosa y fresca, elegante a pesar de que  las cicatrices de las ruinas romanas  revelan que hace más de dos mil años  fue capital de una provincia que abarcaba media península Ibérica. Dejo el equipaje en el hotel Astari y me encamino porla Vía Augusta hacia el anfiteatro, como hicieron tantos y tantos romanos que entraron en la antigua Tárraco.

El gran anfiteatro era el escenario donde se hacían las luchas de gladiadores y aún hoy, durante el festival de recreación histórica Tàrraco Viva que se celebra a mediados de mayo, se pueden ver las gradas llenas de gente jaleando a los luchadores. Es un ejemplo de la vitalidad de los yacimientos romanos de Tarragona, alrededor de los cuales se hacen representaciones, talleres, visitas guiadas i conferencias con el objetivo de dar a conocer el pasado romano de la ciudad. Cuando no hay visitantes, es el rumor de las olas que llega de la cercana playa del Miracle el que recuerda el clamor del público vibrando en los asientos del anfiteatro.

El anfiteatro romano de Tarragona

También en el circo, al que llego a pie en pocos minutos, se celebraban espectáculos, similares a las actuales carreras de Fórmula 1. Competían carros de caballos (bigas y cuadrigas) y asistían cerca de treinta mil espectadores. Era un estadio monumental, del cual podemos visitar la cabecera mejor conservada del mundo, a pesar de que el circo esconde la mayor parte de su estructura bajo los edificios que rodean la plaza dela Font, entre los cuales se encuentra el Ayuntamiento.

En Tarragona buena parte de los restos imperiales quedaron ocultos bajo las casas, calles y plazas, y el perfil clásico de la ciudad se fue difuminando con el paso de los siglos. Un paseo porla Part Alta, que es así como se llama el barrio antiguo, nos revela las piedras caídas del Foro provincial, que según dicen los historiadores fue la plaza pública más grande de todo el Imperio, y hasta se han hallado restos del templo de Augusto en la catedral. La gran escalinata que daba acceso al templo se puede ver en parte en el interior de una tienda de material deportivo del carrer Major.

Muralla romana

Muchos de los tesoros que se han descubierto en el subsuelo de la ciudad i en otras poblaciones cercanas se pueden observar en el Museu Nacional Arqueològic, un espacio de conservación que permite entender el origen de la romanización en la península Ibérica. En el museo se ofrecen visitas guiadas y actividades didácticas cada fin de semana. Se explica como eras las máscaras teatrales y los títeres romanos, cómo se usaban las plantas medicinales o con qué jugaban los niños de la época.

Tras aprender algunos secretos de la vida cotidiana en Tárraco, merece la pena acercarse hasta el monumento más antiguo y mejor conservado: la muralla, construida con bloques traídos de la cantera del Mèdol. El paseo arqueológico que sigue los grandes muros permite admirar la magnitud de las piedras ciclópeas y ofrece rincones ideales para el reposo. Destaca la torre de Minerva, donde se encuentra el relieve romano más antiguo dela Península, i el Centre d’Interpretació de les Fortificacions, que explica con una exposición la evolución del sistema defensivo de la ciudad. Las murallas son el escenario perfecto para actuaciones de pequeño formato: lecturas de poemas, conciertos y representaciones. También hallamos buenos miradores, como el Cos de Guàrdia, des de donde se contempla toda la llanura que se extiende hasta las montañas de Prades. Un buen lugar donde detenerse y reflexionar sobre el valor de una ciudad declarada Patrimonio dela Humanidaden el año 2000.

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