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19 feb 2013 0 comentarios Redacció

‘Calçotades’, más que una comida en Catalunya

Una de las tradiciones gastronómicas más arraigadas en Catalunya son las calçotades, comidas que se realizan en invierno y principios de primavera y en las que se degustan los calçots, unas cebollas tiernas que se acompañan de salsa romesco.

La fama de los calçots les ha llevado a entrar en las cartas de muchos restaurantes catalanes, aunque tradicionalmente se han degustado en el campo, como excusa para reunir a amigos o familiares alrededor de una mesa, sentados o de pie.

Los calçots se asan al fuego, con una buena llama, y se giran para que se tuesten por ambos lados. Cuando se ponen negros y la punta está blanda se retiran del fuego y se envuelven en papel de periódico para que no se enfríen mientras se acaban de cocinar.

Calçots en el fuego.

Como muchos otros platos de origen agreste, los calçots se comen con las manos. Una vez ya preparados, se han de quitar las capas exteriores, que están quemadas, y se moja el resto en la salsa romesco. Normalmente se acompañan de carne a la brasa que se consume de segundo plato y que se cocina después de los calçots, cuando ya se han hecho las brasas en el fuego.

Imagen del Concurso de comer calçots, en la plaza del Pati de Valls. Ajuntament de Valls / Pere Toda

Y para beber, qué mejor que un buen vino catalán servido en porrón, pues al tratarse de una comida que se toma sin cubiertos las manos se ensucian. El cava, bien frío, se guarda para el postre.

El ingrediente principal para el éxito de una calçotada es la compañía, pues cuanto más grande sea la “colla” más alegría se genera alrededor de la mesa.

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